Ya van cinco años.

Hoy, como todos los días, el Facebook me recordó cosas que había publicado el mismo día años atrás. La mayoría de los días obvio esos recuerdos, no dejan de ser fotos que cuelgo en el instagram de comidas o labores que voy realizando a lo largo de los años, en su mayoría. Pero hoy salió el recuerdo de lo que publiqué hace cinco años en el otro blog que tuve. Lo que logré escribir el día que falleció un amigo, la primera persona con cardiopatía congénita que conocí de Galicia, y con el mismo diagnóstico que el mío, y una fontan. La conocí en persona a través de una amiga común y desde el primer momento se formó esa química especial entre nosotros.

Aún pienso muchas veces en ti, te recuerdo en muchos momentos, y te recordamos, sobretodo en el camping, cuando veo a tu familia. No te olvidaré, ni tu risa, ni tu sarcasmo, ni ese humor negro oscuro, ni las grandes sentencias. Y aunque te rías de mí, hoy te he vuelto a llorar.

Hoy lo reedito aquella publicación en este blog, para hacerte un homenaje.

Entrada publicada en “Diario de un Fontan” el 20 de noviembre de 2013.

Hoy te escribo a tí, a ese chico de la gran sonrisa, la mirada clara y el corazón nuevo. Alguien a quién conocí, por casualidad y de una de las mejores formas, con el optimismo de un mañana mejor. Te has ido, y aunque sé que no quieres que lo haga, hoy estoy llorando por ti. No te preocupes, solo son unos ratos tontorrones de los que seguro tú te reirías a carcajadas, te estoy imaginando.

Algunos pueden decir que apenas nos conocíamos. ¿Cómo se puede conocer a una persona que has visto unas cinco o seis veces? Y sin embargo, tengo la sensación de haberte conocido desde hace tanto tanto tiempo. 

Te recordaré, siempre con ese humor tuyo tan similar al mío, cuando bromeamos de nuestra situación de una forma que igual los demás no entienden. Desde el día que te conocí supe que ese humor era similar. Saber que podíamos estar hablando de lo nuestro de una forma que los demás no podían no entenderlo.

Recuerdo ese primer día que te conocí y el último que te vi, y todos los demás, y siempre te recuerdo riendo de la vida, y de la situación, incluso cuando sabías que no eran tan buena como debería.

Siempre serás el chico de la gran sonrisa, la mirada clara y el corazón nuevo (aunque al final nos haya salido algo rana). 

Te mando el beso que nunca te dí, y no me despido. Hasta luego amigo.

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