París (3ª parte): ni siquiera cabe el primer día.

He decidido escribir de mi viaje a París poco a poco. Mientras iba escribiendo, veía que las entradas iban a ser muy extensas, así que voy a cortarlas en un tamaño suficiente para que no sean muy cortitas, pero no sean tampoco soporíferas. También he decidido no hacerlo por días, ya que como veréis en esta primera, solo irá parte del primer día porque, en realidad ese día llega a ser extenso pero posiblemente las siguientes ya sean varios días a la vez (creo). También me gusta recordar que este no es un blog de viajes, sino de experiencia personal, por lo que a pesar de poner de algunos datos, no os servirá de guía de viajes.

Antes de nada, os voy a enumerar un par de recomendaciones que creo importantes. Quizás más adelante, según os vaya escribiendo se me ocurrirán algunas más.

– Si vais a sitios que hay que hacer cola, ir a primera hora de la mañana a ser posible, eso siempre hicimos nosotras y nunca estuvimos mucho tiempo de pie.

– Acordaros que las personas con discapacidad en casi ningún sitio pagan o tienen tarifa reducida, así como su acompañante.

– Las personas con discapacidad también tienen prioridad de entrada junto con su acompañante. Yo no lo he usado nunca porque no quería dejar a Eva solita.

– Para los que tomais diuréticos, hay baños públicos limpitos y desinfectados, casi todos gratuitos, por la ciudad, así que eso es muy bueno. Posiblemente os hable de estos baños más adelante.

El primer día, madrugué, como no, y saque la famosa entradilla que digo ya cuando voy a un sitio a hacer turismo; “movimiento, movimiento”. Así que por turnos nos duchamos, nos preparamos cogimos consecutivos transportes públicos, los que aún controlábamos, y a las 9 y pico, ya estábamos entrando para disfrutar de la Tour Eiffel.

entradateYa sabéis que debido a los atentados de París del año 2015, los controles son obligatorios en los lugares turísticos. Así como ver militares con sus armas en la mano, que en todos los sitios van en grupos de tres acaba haciendose muy habitual. La Tour Eiffel no se salva. Fue la primera vez que dije la palabra pacemaker, pues en francés no sabía como se decía. Poco después supe que era más de una palabra, decidí seguir diciendo pacemaker sabiendo que me entenderían igualmente.

Nada más entrar giramos a la izquierda y allí estaba ella, más impresionante desde abajo que cuando la veías desde algún punto de la ciudad. Tuve claro lo que iba hacer, me dirigí hacia el centro y me saque un autorretrato desde abajo, muy favorecida por la papada no iba a salir, pero me daba igual. Pues al final me salió una foto que me gustó un montón, tanto que la puse en distintos perfiles de mis redes sociales.

Creo que no hace falta decir que la Tour Eiffel, que inicialmente fue bautizada como Tour de 300 mètres, ya que en un principio medía eso. Pero, posteriormente, con una antena pasó a medir 324 metros, y llegó a ser la estructura más elevada del mundo durante 41 años. Es una estructura de hierro pudelado diseñada por dos ingenieros franceses, pero construida por el ingeniero A. Gustave Eiffel por el que le pusieron el nombre definitivo. Fue construida en dos años y cinco días, y en su momento generó controversia con los artistas de la época, que la veían como un monstruo de hierro. Hasta aquí los datos wikipédicos.

Comenzamos a buscar con la mirada por donde entrar. Donde se vea cola, seguro que se entra, así que allá fuimos a comprar la entrada. Teníamos claro que sería hasta el segundo piso. Precio de la entrada, 16 € adultos, reducida 4 € (incluye personas con discapacidad y acompañante). Subimos en ascensor rojo por la torre norte. En él le comenté a mi madre uno de estos recuerdos que tenía de chica (fui con seis años recién cumplidos) de que subí en un ascensor amarillo, que básicamente es lo único que recuerdo. Mi madre no me supo responder porque ella ese día no viniera con nosotros. Sin embargo, actuó como una buena guía una vez arriba, ya que nos indicaba que veíamos a lo lejos, y no tan a lo lejos. Estaba encantada, se la veía tan feliz y sonriente. A veces tenía dudas pero a mí me daba igual, se la veía feliz mirando, mientras Eva y yo (sobretodo Eva) sacaba fotos y más fotos. Desde arriba ves la ciudad, pero no toda, detrás de la ultima línea de horizonte, aún intuyes que hay más construcción, más ciudad, y en tu mente te das cuenta (o no) de lo inmensa que puede ser. Dimos un par de vueltas y bajamos por el ascensor, que era amarillo, de la torre este. Para los que tienen algo de vértigo a las alturas como yo, comentaros que no se sufre vértigo, quizás por esa forma que tiene que nunca ves el suelo, sino el piso inferior de la torre.

Una vez que salimos del recinto perimetrado para la Tour Eiffel, comenzamos a caminar. Ese primer día fue sin duda el que más caminamos. A la hora de comer ya tenía el 100% de lo recomendado en mi pulsera de actividad, y cuando llegué a casa, ya estaba al 204% (borré la prueba del delito). Creo que ese porcentaje no será repetido en mi vida.

Bueno que comenzamos a caminar en plan paseo. Fuimos hacia los Champs de Mars y comenzamos a encontrar vallas de obra y direcciones que a veces a mi madre, que iba delante cual guía que tiene que cumplir un itinerario en poco tiempo, la desorientaba. Al final fuimos un ratito por ahí, con la dirección clara de Hôtel des Invalides, junto con sus jardines. Seguíamos a mi madre, que ni paraba. Por el camino yo vi un pequeño monumentito en una plaza que me gustó. Es el Monuments des Droits de l´Homme. dscf2503.jpgComencé a sacarle fotos porque tenía unas estatuas de bronce (creo) que parecían romanas, y un monumento de piedra con unos agujeritos y uno central en forma de triángulo que invitaban a echar ojeadita cual cotilla. Al otro lado veías una puerta de bronce (sigo creyendo) con relieves de jeroglíficos, letras y esculturas pequeñas. Por el otro lado la puerta también estaba llena de grabaciones, y además había una cápsula del tiempo. Cuando mi madre se dió cuenta de lo que tardaba me miraba así, con mala carilla. Pocos datos encontré de esto en internet, así que ya no os doy ni la vara.

Caminamos y caminamos y llegamos a la École Militaire y al Musée de l´Armée (Hôtel des Invalides).

La École Militaire es un conjunto de edificios situados por el sureste de los Champs de Mars. Fué construida durante el reinado de Luís XV, que le encargó a su arquitecto Ange-Jacques Gabriel el diseño de un edificio más vasto y grandioso que el Hôtel des Invalides construido por Luís XIV. La construcción se compienza en 1751, pero debido a que las arcas del estado están vacías los trabajos van lentos. La inaguración ser realiza en 1756 pero para un número muy reducido de cadetes. Se termina con un proyecto más chico que el original. Como anécdota, uno de los cadetes que por allí pasaron fué Napoleón Bonaparte que ingresa en 1784 y sale al año siguiente. Hasta aquí los datos wikis.

El Hôtel des Invalides, actual Musée de l´Armee, es un complejo arquitectónico muy cerca del edificio anterior. Se creó originalmente como residencia para soldados y militares retirados.

Este complejo, responde a la voluntad de Luís XIV que quería unas instalaciones que ofrecieran cobijo para los veteranos inválidos de guerra que se quedaban sin hogar. La construcción de los principales edificios se llevó a cabo desde 1671 hasta 1674, donde la comenzó a albergar antiguos soldados. La construcción de la iglesia, sin embargo, tuvo que aplazarse que se completó en 1706 tras 30 años de obras.

Actualmente es más conocido por albergar los restos mortales de Napoleón, que fueron trasladados desde la Isla de Santa Elena París por Luis Felipe I. En dicho mausoleo también descansan su hijo y su hermano, así como varios mariscales. La wikipedia se cierra en este tema.

Deciros, que por la hora y porque no soy mucho de armada, el museo no lo hemos visitado por dentro.

Seguimos caminando por la Esplanade des Invalides, hacia el puente de Alejandro III. Propio de estilo Beaux Arts, que cruza el Río Sena desde dicha esplanada hasta el complejo monumental formado por el Grand Palais y el Petit Palais, en un solo arco. Sus extremos están decorados con cuatro pilones monumentales de 17 metros de altura adornados con cuatro caballos de bronce dorado que simbolizan el éxito de las artes, las ciencias, el comercio y la industria. Es de los mas grandes de la ciudad y construido desde 1896 e inaugurado en 1900. Declarado monumento histórico en 1975. Personalmente, me parecieron impresionantes las estatuas tan doradas. Me parecieron muy opulentas, claro que aún no me había dado cuenta a dónde llegaba, porque cuanto más cosas veía en este viaje, más opulencia y ostentación se llega a observar por metro cuadrado.

Cruzamos el puente andando, ya con idea de que iba siendo hora de comer. Mi madre pensó que era mejor ir a un distrito más residencial y nada turístico. Pero acabando de cruzar el puente para la búsqueda de un metro vimos los palacios, el grande y el pequeño. Había que secarle unas fotitos aunque fuesen por fuera.

El Grand Palais es un edificio singular situado en los Champs Elysées, formando un entorno monumental con el Petit Palais, tal como antes dije. Comenzó a construirse en 1897 con la finalidad de albergar la Exposición Universal de 1900. También tiene un estilo de Beaux Arts, que se refleja por el gusto de la rica decoración y la ornamentación en sus fachadas de piedra. Sin embargo, en su planta se realizan novedades como un gran acristalamiento de su cubierta, su estructura de hierro y acero vista y el uso de hormigón armado. Actualmente, se dedica a celebración de salones y exposiciones temporales. Al igual que el Petit Palais.

Este último, también ha sido construido para la Exposición Universal del 1900 y actualmente es el museo de bellas artes. La fachada tiene 150 metros de largo y esta centrada por un pórtico que finaliza en una cúpula. Tiene grandes espacios que se iluminan por luz natural, ya sea gracias a las ventanas y ventanales como la sus cúpulas transparentes.

En este pequeño palacio si hemos entrado, ya que se podía entrar gratis. Y ¿qué hay en los museos, aparte de exposiciones? Baños, y claro, tomando diuréticos, benditos sean los “toilettes”. Muchos más no hicimos, se pasaba la hora de comer y aún había que buscar dónde.

Nos fuimos en busca de una parada de metro, y nos pusimos a caminar por la Avd. des Champs-Élysées, que estaban toda cerrada debido a que estaban preparando todo para la celebración del día 14 de Julio, que en Francia para “La Fête Nationale” donde celebran dos hechos, la toma de la Bastilla en 1789 y el día de la unión nacional en el Campo de Marte durante la fiesta de la Federación de 1790. Debido a tanta valla y obra no pudimos disfrutarla mucho. Esta avenida lleva a la Place de la Concorde, que tiene la fama de ser la segunda más grande de Francia. Fué construida entre 1757 y 1779 bajo el nombre de Plaza de Luis XV, donde en el centro se encontraba una estatua ecuestre del rey. En 1792, la estatua es derribada y fundida y rebautizada como la Plaza de la Revolución, ya que en ella se instaló la guillotina. En 1795, con el final del régimen del terror, fue bautizada definitivamente con el nombre actual. El obelisco Louxor de más de 3000 años de antiguedad, que destaca actualmente en el medio de la plaza, lo donó el virrey de Egipto el año 1836.

Cogimos la linea 1, bueno nosotras seguimos a mi madre y ya un poco muertas de hambre, y paramos en Saint-Paul. Allí comenzamos la odisea de buscar un sitio donde comer, que yo ya auguraba un tanto complicado. Una, porque todo lo barato va tirando a comida rápida, asiática o árabe, cosa que a mi madre dscf2549.jpgni se le pasa por la cabeza. Al final acabamos en un sitio muy chiquitín de comida árabe porque mi madre le echó el ojo a una ensalada. No me pregunteis el nombre de lo que nos comimos, no me acuerdo, pero yo tenía tanta hambre (rozaban ya las cuatro de la tarde) que, aún sabiendo que era contraproducente, me comí un supersanwich doble de carne. ¡Qué bien entró para la saca! claro que luego sin siesta, me costó arrancar en la sesión de tarde.

Una de las razones porque mi madre se había dirigido hacia esa zona, era que nos quería enseñar la Place de Vosges. Era una de las plazas que mas le habían gustado de París. Se tuvo que orientar un poquito pero una vez que aciertas de la calle (Rue de Barigue) la vas caminando y al final ves un edificio con dos entradas en arco, una para la circulación y otra peatonal, y pasas al otro lado y en principio ves otra calle, y piensas “pues no es para tanto”, pero cruzas esa calle y te metes en el parque, ya es otra cosa. Es un parque rodeado de edificaciones, (como una plaza mayor típica de algunas ciudades de España) pero, mucho más grande y parque (no plaza), con su césped verde y sus fuentes, donde se veía a la gente comer en plan picnic (parece ser que bastante típico en los parques de  París), o tomar el sol, porque los franceses de siesta no entienden. En el centro del parque hay una estatua de Luis XIII a caballo. Si cruzas todo el parque tienes una entrada/salida similar en el lado opuesto por la Rue de Béarn. Además todos los edificios que rodean (que intuyo que son residenciales) al parque están porticados, y hay bares y cafetería con terracitas donde tomarte algo. Buscando datos de la plaza en internet comentar es que, según wikipedia, es la plaza más antigua de París.

Una vez que salimos de esa visita que a mi madre le hacía ilusión, nos dirigimos caminando a la Place de la Bastille, lugar simbólico de la Revolución Francesa, situada donde estaba la antigua Fortaleza de la Bastilla, que fué destruida entre el 14 de julio de 1789 y el 14 de julio de 1790 (días celebrados en la fiesta nacional). Actualmente, en el medio de la plaza se erige la Columna de Julio, que mandó construir en 1833 Luis Felipe I e inagurada en 1840. Mide 46,3 metros de altura, con base circular realizada en mármol blanco (material que les encanta). Por encima un pedestal rectangular luce varios medallones. La columna es coronada por una escultura de bronce dorado (color que les encantaba también) llamada el “Genio de la Libertad”.

Hasta aquí he decidido, llegar en esta entrada, no sin antes deciros, que en la Place de la Bastille cogimos el metro para una de las visitas más emocionantes del viaje para mi madre (sobretodo ella) y para mí en este viaje. Así os dejo con la intriga para la próxima entrada, aquellas personas que aún no sabéis que puede ser.

Un latido!

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