Encuentro

En la entrada anterior “los tres tullid@s”  comenté que a Óscar lo conocí personalmente en una comida. Os voy a poner la entrada que he escrito en el antiguo blog, después de hacer una pequeña comida entre cuatro personas adultas con cardiopatía congénita. Noelia, una chica de A Coruña, que por cosas de la vida ha sido de las primeras que supo la “mala notica” y se acercó al hospital a animarme. Benjamín, que después de un trasplante que parecía que iba a devolverle calidad de vida, sufrió un rechazo y finalmente falleció dos años después,  días para mí muy duros. También por cosas de la vida estos días me acuerdo especialmente de él.  Y Óscar, que ya le conocéis, y que para mí es un gran amigo que siempre entenderá esas pequeñas cosas de nuestros corazones. En un aperitivo también estuvieron los papás de Dani, que falleció también en la última cirugía, cuando me enteré de su fallecimiento, me entró una gran tristeza en el pecho, y eso que solo lo conocía de un saludo, y a los padres de una charla. Da igual, existe un tipo de conexión inexplicable que hace que pasen esas cosas. Actualmente, veo a su madre, padre y hermanas una vez al año, y alegra como siguen viviendo alegremente su vida y recordando a Dani con una sonrisa (o eso aprecio yo cuando los veo).

 

Entrada publicada en “Diario de un Fontan” el 17 de septiembre de 2011.

Ya estoy en casa después de un día especial. Tenía pensado contároslo nada más llegar a casa, pero estaba cansada y tenía un poco de sueño, pero media hora después aquí estoy para deciros que hoy he ido a Vigo a visitar a mi amigo, el de la gran sonrisa, la mirada clara y el corazón nuevo. Además de conocer a otro chico que también es de allí. Se juntaron al encuentro otras dos chicas con una nena preciosa y una pareja que son unos padres preocupados por el futuro de su niño. Pues allí estábamos, cinco cardiopatías congénitas, cuatro adultos y un niño. Cada cual con su diagnóstico, sus cirugías, sus historias, sus avances, sus retrocesos y con la fuerza de seguir luchando siempre hacia delante.

Personalmente, para mi ha sido bastante importante (aunque no lo pareciera chicas y chicos). Cuando vas creciendo y siendo mayor, siempre tuve la curiosidad de saber si había más gente que estuviera operada del corazón y de la vida que tenía, si era buena como la mía actual, si tenían altos y bajos, si recordaban una infancia feliz como yo. Personas que entendieran esas cosas que sabes que otras personas no las van entender, por el simple echo de que te ven con ese toque de compasión, de “pobriña” que mal lo debió de pasar, cuando, y siempre personalmente, cuando hago un balance global de mi vida, lo más negativo que recuerdo nunca tiene relación con mi corazón, por lo menos, con el corazón físico.

Llegué a Vigo en tren. Un viaje muy ameno, ya que me senté enfrente de una señora y un chico que habían entablado una conversación muy interesante, que llevó a otra interesante y luego a una tercera más interesante que no pude evitar meter baza. Si, soy muy habladora, es más, en un cambio de pila de marcapasos el doctor me sedó para dejar de oírme, pero esa es otra historia.

Me recogió en la estación de Vigo mi amigo del corazón nuevo. Tengo que confesar que me costó reconocerlo. Está teniendo una recuperación muy buena, y el ganar kilos le favoreció, por eso casi no le reconcozco. Chico, que sepas que te he encontrado genial. Nos fuimos al encuetro de otra parte de la gente, nos presentamos nos besamos (los que podíamos besarnos) y nos organizamos para encontrarnos con el grupo final. Un aperitivo en una terracita al lado de la playa. Con el microclima de esa zona, se estaba genial, y comenzamos a intercambiar anécdotas, aventuras, experiencias y algún consejito a la mamá y al papá. Me hizo gracia cuando la otra chica cardiópata le dijo a su amiga que no se preocupara, que hablaríamos solo un ratito de nuestra particularidad. Error, nos pasamos el aperitivo, la comida y el paseo posterior básicamente con el monotema. Eso sí, siempre con las sonrisas en la cara.

Luego del aperitivo, nos fuimos a comer. Los chicos que son los de Vigo, es decir los anfitriones, nos llevaron acertadamente a una casa rural, donde comimos muy bien y pagamos muy poco. 

Después de comer no fuimos a dar un paseíto a Baiona. Zona vieja y un pequeño paseo para ver las al fondo Las Islas Cies.

Próximo encuentro en Santiago de Compostela. Os apuntais ¿verdad?

 

Un latido!

 

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