Mis dos bodas.

Os preguntareis porque titulo a esta entradita, mis dos bodas. No, no me he casado dos veces. Fran y yo nos casamos solo una vez hace poco más de un año, el 16 de septiembre de 2016 (16/9/16), y hasta donde yo sé solo me casé con él esa vez.

Yo que soy muy fiestera, en realidad quería una boda típica gallega. Ya que iba a casarme, hacerlo a lo grande. Comilona con marisco, y baile por la tarde, barra libre, con las familias. Claro que, como los dos tenemos familias pequeñas (léase en sentido irónico) la cosa en invitados se iba a desmadrar y echando cuentas, pues la cuenta no nos salía.

Pasado el tiempo, y viendo que la cosa iba a peor (yo ya no trabajaba, con lo que eso implica en la economía) me pregunté con quién realmente quería compartir ese día tan especial para Fran y para mí. La cosa se resumía así, nuestra familia cercana y los amig@s. Y así fué como el 16 de septiembre de 2016 me casé y lo celebré la familia y el 12 de agosto de 2017 lo celebramos con las amistades más cerrcanas.

La boda de la familia, la preparamos un poco a escondidas, y no dijimos nada hasta que nos dieron la fecha. Una vez que la tuvimos se lo dije a mi hermana y hermano, y por último a nuestras madres, que llevaríamos de testigos.

La reacción de la madre de Fran fué muy simpática. Se lo contamos un día a la hora de la comida. La cosa fué que Fran le dijo que no hiciera planes para el 16 de septiembre que ya tenía una cita. Su madre le miró extrañada, a lo que Fran le solto “Cásaseche o fillo”, y inmediatamente ella respondió “qué fillo?”. Si consideramos que es hijo único, la cosa no pudo ser más surrealista. Yo que quería estar seria ante la situación, no pude más que romper a reír, porque la cara de de mi futuro marido era un poema. Ahora va ser que tengo un cuñado y no lo sabía.

La cosa con la otra madre no fué tan simpática. Estabamos en la aldea, en la mesa con un café, mi madre, mi hermana y yo. El principio fué parecido. Le dije que su jefa (mi hermana) le tendría que darle el día 16 de septiembre libre. Era un viernes y tendría que pedir día en el trabajo. Antecedentes: mi madre cuida los niños de mi hermana. Preguntó por qué, y le dije, “cásome”. La reacción de mi madre fué fisica, se puso los dos dedos apretando el puente de la nariz y bajo la cabeza. No sé que se le pasaba realmente por su mente en ese momento, pero mi interpretación fué “qué necesidá ten esta miña filla de casar”.

Eso creo que fué alrededor del mes de julio. Al ser una boda de 13 personas (alguno podría pensar que es un mal fario),  pero no. Encontré un lugar para comer que nos iba muy bien de precio y donde la comida es muy buena. Yo siempre lo recomiendo. Además me pusieron todas las facilidades del mundo, porque iba a llevar la tarta de otro lugar, y podríamos quedarnos todo el tiempo que quisieramos ya que no cerraban por la tarde.

Llegó el día y me fuí a la peluquería de toda la vida, esa que está a unos 30 kilómetros de Santiago, bien tempranito porque había que ser puntualísimo en el juzgado, sino no nos casaban. Llegué a tiempo, me vestí. Llevé un vestido blanco con flores azules y una túnica azul a juego, todo hecho por las manos de mi mamá, que es toda una artista. Ya estaba lista.

El que casi no llega fué Fran, porque había una manifestación a la entrada de Santiago. Por suerte un policía local entendió la urgencia de mi futuro marido y le facilitó un acceso por otra vía por la cual poder adelantar a la manifestación.

Llegamos todos puntuales al juzgado, y descendientes de mi hermano y hermana, qué guapos iban. Y las mamás con sus galas. Todas y todos íbamos guapísim@s, se me caía la baba de orgullo familiar. Esperabamos nuestro turno, y llegó. La jueza nos leyó nuestros deberes y derechos tan rápido que ya ni me dí cuenta, en nada firmamos, nos dieron el libr de familia y, en menos de dos minutos, estábamos casados. Así de rápido fué el trámite. Tan rápido, que mi sobrina pequeña a la salida me preguntó ¿cuando os casais?. No veas la cara de tonta me quedó. Le expliqué lo de la señora jueza que estaba al otro lado de la mesa donde estabamos los cuatro, novios y madres, y que nos habló y nos casó. Supongo que a la niña le faltaba el beso final. Claro que no fué la única, su hermano en el restaurante hizo la misma pregunta. Y se me volvió a quedar la cara de panoli.

Nos fuimos al restaurante, pero antes de entrar, como queda al lado de la Iglesia de San Martín Pinario, sacamos unas fotitos.  Hasta pudiara parecer que nos casamos eclesiás-ticamente. El fotógrafo oficial de la boda fué mi cuñado Fran. Sí, se llama igual que mi marido. Será que no le quise complicar la vida a mi madre, y los dos yernos se llaman igual, o complicarsela porque al llamarse igual acabaron siendo el Fran de Mónica y el Fran de Ana. Bueno, centrémonos de nuevo, que ya me voy por las parras.

Después de la sesión de fotos nos fuimos a comer. La verdad, ¡cómo nos gusta celebrar comiendo!. Como contratara todo por teléfono y por referencias pues, a la hora de la verdad, no sabes bien como puede salir el asunto. Pues ya os digo, mejor que bien. Comimos casi igual que en un bodorrio. Nuestros entrantes, que yo pensaba que pondrían juntos para picar, eran de plato en plato, unas buenas almejitas que dije que no lloraran y sobraron y la carne y pescado (a elegir). Vamos salí más que contenta, contentísima. El servicio inmejorable, siempre atentos y amables. Con detalles. Si venís a Santiago avisarme que os lo recomiendo sin problema ninguno.

Es más, me gustó tanto el sitio y como nos trataron, que en la celebración con los amig@s repetí lugar y volvimos tremendamente contentos. De esa vez fuimos 27, de los cuales 8 eran personitas pequeñas, algunos aún de carrito de ruedas, y nos trataron inmejorablemente. Ese día, solo fué la comida, pero personalmente fué también un día muy especial. Ahora es muy difícil reunirnos tod@s, ya que entre los hijos e hijas, algunos pequeñit@s, las que viven fuera de Galicia, es muy difícil hacer coincidir a todo el mundo, por eso para mí ese día fué muy bonito y especial. Agradeceré enormemente el esfuerzo de alguna que otra persona para venir ese día, donde he sido muy feliz compartienlo. Compartir toda esa alegría con mi segunda familia.

Y así es como me casé una sola vez y lo celebré dos.

Un latido!

 

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